Antes de licenciarme en Humanidades, fui alumna de Alejandro Gándara, Constantino Bértolo, José M.ª Guelbenzu, Juan José Millás y Rosa Montero, entre otros, en la Escuela de Letras de Madrid. Allí me enseñaron a leer los textos propios y ajenos.
He vivido en lugares tan distintos como Nueva York, Río de Janeiro o Lanzarote. Estoy entrenada para los cambios y me adapto con facilidad a todo tipo de situaciones. Creo que esa apertura mental hace que sea una persona flexible y facilitadora en el trabajo.
Todo este movimiento vital me ha permitido trabajar en organizaciones y proyectos muy diversos: he dirigido una revista cultural, he participado en la redacción de diccionarios escolares para España y América Latina, he diseñado el plan de comunicación de una ONG y he coordinado la producción cultural en una institución pública internacional como el Instituto Cervantes.
Si tuviese que definirme como profesional con una palabra, lo tengo claro: versatilidad.
Hace muchos años encontré en la Escuela Contemporánea de Humanidades un espacio para pensar con los otros en cosas inútiles que alimentan el alma. Es el sitio de mi recreo.